viernes, 18 de julio de 2014

He engañado a Golden con Royal Gala


- ¡Chica! ¡Es increíble! Después de más de veinte años juntos, va la tía y le dice a mi hermano que se enamoró de otro hombre. Que a él lo sigue queriendo pero que se va con el otro.
-¡Pero bueno! ¡La mato si me dice eso!¡Qué zorrita! Desde luego, con lo simpática que parecía, siempre tan atenta con tu madre y con los críos… Al final las que aparentan ser más buenas son las peores.
-¡Pues ya ves! El que más pena me da es Luis. El pobre tiene que estar destrozado. Me contaron que hace un mes la vieron tomando un café con su nuevo ligue. Creo que es más joven que ella, a lo mejor se piensa que se rejuvenece por estar con él… ¡Es una vergüenza!

    ¡Una vergüenza! Nada más y nada menos. Yo sí que me avergüenzo cuando hay conversaciones como ésta y mi vergüenza aumenta cuando intentan hacerme partícipe de las mismas. Aunque claro, supongo que a quién esté leyendo al otro lado le costará imaginarse la situación. No es muy habitual escuchar estas cosas (Nota: Estoy siendo irónica, of course).
Ya no voy a meterme con el machismo que se desprende de los diálogos, que de por sí ya constituye un buen tema para tratar en el blog. Quiero hablar de las infidelidades. Infidelidad. Ese tema  tan recurrido en las conversaciones triviales, en las trascendentales, en las íntimas, en las de borrachera, en las de cotilleo...etc, etc, etc.
¿Cuántas veces os han preguntado-o habéis preguntado- si perdonaríais una infidelidad? ¿Una vez? ¿Veinte? ¿Cincuenta? Y aquí es donde nos llenamos la boca: - ¡Jo, jo, jo!¡Qué le den! Yo no podría perdonarle jamás.  Si estuviera realmente enamorad@ no me habría engañado. Y digo yo: ¿Enamorad@? ¿Eso qué es? ¿Qué es el amor? Si no es para siempre, ¿No es amor?

     Todo es muy simple comparando a las personas con manzanas (Nota: Todo lo hago por hablar de las manzanas. Me encantan las manzanas). Antes de dejar volar por completo mi imaginación os prometo que soy una persona bastante cuerda. Sé que much@s pensaréis que “se me fue un poco la olla” (Nota: Probablemente tengáis razón).

    Voy a contarlo en primera persona, así le aporto ese "toque de Blog" a la historia. Unas líneas más arriba ya dije que me encantan las manzanas. Desde que probé unas Golden que le sirvieron al frutero de mi barrio, me enganché a esa clases: verdes, con el tamaño perfecto. Cada semana iba a la tienda y compraba mi provisión de manzanas. Todo iba bien, unas semanas estaban más caras, otras me las encontraba de oferta, pero siempre igual de ricas. De repente, un día me supieron diferente. Ya les había visto una pinta distinta cuando Carlos (os presento a mi frutero) me las echó en la bolsa. Estaban más amarillas, como si hubiesen llegado más maduras. –Puede que sea eso, pensé. Demasiado maduras.  

    A la semana siguiente, la misma mala pinta. Le dije a Carlos que intentara escoger las que estuvieran más verdes. Así lo hizo, pero yo seguía sin encontrar el mismo sabor, textura… -Será la época, pensé. No me di por vencida, después de todo, valían para comer y es normal que no siempre estén igual de perfectas. A la semana siguiente esperaba encontrarme ya con mis ricas manzanas, que hubiese llegado un nuevo pedido y que tuvieran esa pinta tan apetitosa. Pero no. Tercera semana con mis ilusiones fallidas. -¿Qué pasó con las manzanas Golden? Le pregunté a Carlos. - ¿Con las Golden? No sé, ¿Por qué? ¿No estaban bien la semana pasada?- No, ya se les ve que están más amarillas y tienen menos agua.- Pues no puedo decirte por qué. Las sigo vendiendo igual o incluso más. Volví a mirar a las manzanas pensando en si darles otra oportunidad y Carlos apuró mi decisión. -¿Por qué no pruebas estas otras? Si te gustan poco maduras y con agua, éstas te encantarán. – La verdad es que tienen buena pinta. -Está bien, dame media docena.
Cuando llegué a casa descubrí que el frutero tenía razón. Estaban tan buenas como las Golden del principio. Ummmm ¡Cómo me gusta comer una buena manzana! A la semana siguiente ya pedí directamente Royal Gala. - ¿Seguro que no quieres llevar alguna de Golden? La semana pasada me llegaron cajas nuevas a las dos horas de que te marcharas. (¡Vaya!¡ Justo cuando decides cambiar vuelven tus manzanas!) Vuelven a estar como a ti te gustan ¡Mira qué pinta!   -No, da igual. Dame de las rojas que estaban muy buenas. Prefiero no arriesgarme.
Mientras tanto, intervino una de las clientas de la frutería: -Siempre comprando Golden y de la noche a la mañana te pones a comprar otra clase… ¡Con la pinta que tienen las Golden!

    Es cierto que las Golden tenían buena pinta, pero después de haber probado las otras, me apetecía cambiar una semana más. A partir de ese día podían pasar varias cosas: Que nunca más comprara manzanas Golden; que las Royal Gala subieran de precio y decidiera volver a decantarme por las Golden; Que me aburriera de las Royal Gala, de las Golden y  me animara a probar las Granny Smith que brillaban en una de las cajas superiores.

    Puede que os resulte absurda (y de loca) esta comparación con las infidelidades de pareja. Sin embargo, creo pueden extrapolarse perfectamente muchos de los pensamientos y comportamientos con las manzanas a las relaciones, al menos en mi manera de verlo. Vuelvo a lanzar preguntas, ¿Qué ocurriría si las manzanas Golden no hubiesen empezado a ser diferentes? Yo, probablemente no habría cambiado de clase. En el amor ocurre lo mismo. Es muy difícil que las manzanas que te han gustado desde siempre te sigan agradando igual. Hay muchos factores que entran en juego: el estado de maduración, tu propio gusto, la facilidad que tengas para ir a la frutería, etc. Puede que no estuviese tan adicta a las Golden y decidiera cambiar sin más (aunque las manzanas supieran igual). Puede que hubieran cambiado de sabor y aún así seguirme gustando. Esto último debe de ser lo que les pasa a las parejas que viven felices y “enamoradas” toda la vida. Serán pocas pero como as meigas “habelas hailas”.

    Antes de que se os pase por la cabeza eso de que “estos cambios que se hacen hoy en día son cosas de la nueva era” os digo: ¡Por favor! ¡Seamos inteligentes! Puede que sean cosas de la nueva era pero, en vez de lamentarnos, demos gracias de que así sea. Antiguamente las cosas eran diferentes, se encontraba una clase de manzana y no se podía andar cambiando, al menos así se enseñaba. En consecuencia, miles de parejas viven infelices en una vida que no les llena. Y digo yo: ¡Qué pena! ¡Con lo que presta tener en la nevera tus manzanas favoritas para disfrutar de ellas cuando te apetezca!

    No me gusta cuando se habla a la ligera de “poner los cuernos”. La visión alarmista de la infidelidad forma parte del pasado y no podemos condenarla sin más. A lo mejor hay que empezar a compadecerse de la persona que es infiel ¿Por qué es infiel?.

    Yo digo si/no a las infidelidades y a los celos. Debes estar con quién realmente quieras estar y no desconfiar de tu pareja. Si sois felices no habrá problemas y si hay problemas no los vas a solucionar desconfiando. Con los años he roto con esa visión del amor eterno. El “sin ti no soy nada” es mentira. Personalmente disfrutaré  del amor mientras lo haya, dure lo que dure (horas, días, meses o años). Si se va… déjalo ir, ya volverá. 

    Ahí lo dejo. Me voy a comer una pera. No quiero saber nada de manzanas durante un tiempo…

Iria

miércoles, 2 de julio de 2014

Un encuentro en Sorrento...

        Hay días que te gritan que bajes libros de la estantería y recuperes historias...



(...)
-Dios mío… Max.
    La luz de la mañana dora los iris de Mecha Inzunza, como en otro tiempo. Hay leves marcas y manchitas de vejez en su piel, e infinidad de minúsculas arrugas en torno a los párpados y la boca, acentuadas ahora por una sonrisa estupefacta. Pero lo despiadado del paso del tiempo no ha logrado borrar lo demás: la forma pausada de moverse, la elegancia de maneras, las líneas prolongadas del cuello y los brazos cuya delgadez acentúa la edad, enflanqueciéndolos.
-Tantos años- dice ella-.Dios mío.
    Están cogidos de la mano, mirándose. Max alza la derecha de ella, inclina la cabeza y la roza con los labios.
-Veintinueve, exactamente-precisa-. Desde el otoño de mil novecientos treinta y siete.
- Niza…
- Sí. Niza.
(…)



El tango de la guardia Vieja de Arturo Pérez-Reverte

Iria

domingo, 4 de mayo de 2014

He caído en las redes del día de la madre...

    Pasé este 4 de mayo con la tranquilidad de mi toalla sobre la arena, orientada al sol y cerca del mar. Nunca he celebrado especialmente estos días de la madre, del padre, de san Valentín… Quizá es mejor que diga CASI nunca porque todas tenemos un pasado de cuadros de macarrones, ceniceros de barro y mensajes en cartulinas para demostrar que éramos las mejores hijas y novias del mundo.
    Digamos que yo soy de las que van por ahí diciendo la famosa frase (y no sólo lo digo, lo pienso de veras) de que el día de la madre son todos los días. Creo que no hay nada que agradecer por ser madre en sí, sino por la forma en la que es cada madre. Dicho de otra forma: lo importante no es el día de la madre sino el día de esa gran persona que, además, es mi madre. 
    Ahora, después de protestar, voy a hacer todo lo contrario a lo que digo que para eso la que escribe soy yo. No he podido evitar contagiarme del amor que se respira hoy en las redes sociales, en la calle, en la ropa de domingo y en los restaurantes por los que he pasado de camino a la playa. A medida que avanzaba el día, aumentaba mi sentimentalismo por mi querida mami. Así que me dije que de noche la llamaría diciéndole que ya sabe como soy y que no me gustan estos días… pero que la quiero mucho igual (y como antes… no sólo lo digo, lo siento de veras).
    Mientras pensaba en todas estas cosas pasó algo que distrajo mi atención. Justo detrás de mi toalla había una madre, de unos 70 años, con su hijo. El verano pasado coincidía con ellos todos los días, cada día ella bajaba con varias bolsas, la nevera, la sombrilla… y él, que rondará los 40, viene detrás con una gran sonrisa y la toalla en la mano, que coloca en la arena mientras la madre lo prepara todo. Él no habla pero hace todo lo que le dice su madre y lo que, para algunas personas serían dificultades, en ellos  son miradas de amor puro. Pues bien, estaban tomando el sol tranquilamente cuando llegó una amiga de la madre y tras saludarlos exclamó: - ¡Pepito!(le hablaba al hijo) ¿felicitaste a tu madre? ¡Tienes que felicitarla que hoy es el día de la madre! Pepito no habla pero, tras la exclamación de la señora, la madre se rió y dijo: -oh… ¿si? ¿Hoy es el día de la madre? ¡Pepito dame un beso! Acto seguido se acercó a Pepito, lo besó y ambos sonrieron. Pepito y su madre no suelen celebrar el día de la madre, pero que la señora se lo recordara sirvió para que se besaran. Me quedo con eso. No hacen falta comidas o regalos pero es imprescindible que lo que hagamos, lo hagamos de corazón.
    En fin, la historia de Pepito, los mensajitos de los amig@s del facebook y un pequeño pensamiento (de éstos que no se deben de tener) que me decía: “si los demás ensalzan públicamente el amor a su madre, ¡tú también!”. Así que yo le dedico todos estos pensamientos a mi mamá porque, además de ser mi madre, es una gran persona.
Feliz domingo!!

            La playa no es para ordenadores y por eso os dejo la prueba de mis reflexiones originales…

Iria

domingo, 6 de abril de 2014

De amores va la cosa...


     Perderte siempre ha sido uno de mis mayores temores. Perderte pero sin perder todo lo que me une a ti. A menudo solía levantarme con los ojos llenos de lágrimas tras haber soñado que te marchabas, que me marchaba, que se marchaba nuestra complicidad, nos marchábamos sin rumbo hacia otro rumbo. Fui comprobando que ninguno de estos temores y pesadillas tienen sentido. Lo comprobaba buscándote en tu lado de la cama y acomodándome a ti, como piezas de Tetris que se unen (y que nosotros deshacíamos a los 30 minutos cuando empezabas a revolver las mantas).  Reconozco que odiaba que tu despertador sonara 20 veces, que me pidieras (balbuceando dormido) que te calentara el café  y encontrármelo frío al salir de la ducha, mientras tú seguías calentito bajo la cama, remoloneando 5 minutos más.
     Con el paso de los años había comprobado que mis pesadillas y temores no eran más que preocupaciones inútiles: preocupación de que nos pudiésemos hacer daño, preocupación de que nos faltase entendimiento, preocupación porque nos fuese mal la convivencia. Ahora, cada vez que echo la vista atrás, me doy cuenta de que si todo nos ha ido tan bien es porque nunca nos hemos preocupado seriamente de nada. Nos hemos limitado a vivir.
     Recuerdo como al mes de conocerte me dijiste que jamás podrías prometerme que me querrías siempre. Llegaba a casa intentando comprender todo lo que me decías: que el amor no existía, que no podías garantizarme que fueras a seguir conmigo, que era muy probable que en un par de años estuviésemos con otras personas o viviendo solos. Decía que el problema de la mayoría de las relaciones era no tener presente esta realidad, que el mayor amor que tú contemplabas era el presente. Aquí y ahora. Tú y yo compartiendo momentos de felicidad.
     Han pasado 12 años y 3 meses y cada vez que pienso en ti y en tus “ideales románticos” se me pone una sonrisa; la misma que se me ponía cuando apenas te conocía y llegabas al bar donde parábamos, la misma que se me pone cuando te veo dormir, la misma que se me pone cuando escucho las improvisadas notas de voz que me mandas por whatsapp; la sonrisa que esbozo cuando se abre la puerta del aeropuerto y estás allí para recogerme, o para despedirme mientras entonas entre risas el “dont worry be happy”.
     A día de hoy vuelven mis temores y no estás en tu lado de la cama para abrazarte, no es nuestra ciudad, nuestro hogar, nuestro rincón, nuestro mar. No tengo a mi compañero insustituible de batallas, pero cada día me repito que durante mi estancia en Alemania no puedo dejar que mi sonrisa se apague en ningún momento. La vida nos ha llevado por estos caminos mientras luchamos por nuestro futuro. Sé que lo importante es que cada día disfrutemos con lo que estamos haciendo y eso es lo que cada día hago. Bueno, eso y echarte un poco de menos…



       Pongo el primer corto que sacamos adelante en la universidad, el tema viene al caso y... quedé orgullosiña de como quedó.

Feliz domingo!
Iria

viernes, 21 de marzo de 2014

6 Situaciones para madurar si conviene “desmadurar” de vez en cuando.


Qué harías si….?
  •  Llegas a una casa ajena, vas de acompañante y tienes poca confianza. Aunque te mueres de sed sabes que serán sólo 15 minutos y luego bajarás de nuevo a la calle. El anfitrión te mira y te pregunta: ¿Quieres beber algo?
  •  Estás en una sala de espera. Tendrían que haberte atendido hace más de una hora. A tu lado hay una chica en la misma situación que tú y os anuncian que hasta la hora siguiente no podrán atenderos. No hay periódicos, ni facebook, ni whatsapp…
  •  Llevas diez minutos escuchando las instrucciones de una importante tarea. El instructor (jefe, amigo, profesor) advierte: ¿Seguro que lo habéis entendido? ¿Queréis que repita algo? A tu izquierda hay una compañera que no duda en exclamar: ¡Si no entendemos eso, apaga y vámonos! Tú la miras….Tú… no has entendido nada. ¿Y bien?
  •  2:00 a.m. Estás en una cena (de trabajo, del gimnasio, de la academia…), acabas de entrar en discoteca y de pronto suena tu canción favorita (sí, sí, esa que tienes en el ordenador; en el coche; en el móvil; esa que cantas a gritos; que bailas delante del espejo…) ¿Qué haces?
  •  Estás con unas 10 personas. El tema es intentar decidir acerca de algo. Dar ideas. Quiero que cada una de las personas que lea esto piense en momentos de su vida en los que se encuentra en situaciones así. Buscar un plan divertido con los amigos, decidir a qué restaurante ir, pensar un buen regalo para la amiga que está de cumple, desarrollar nuevas líneas de trabajo, Etc. Etc. Etc. Se te pasan varias ideas por la cabeza. Eso de… estoy en blanco… me da igual… ¡No existe!. Y tod@s lo sabemos.
  •          Vas caminando por la calle. Visualizas como por la acera de enfrente se acerca ella. Sí, tiene que ser ella. ¿Te recordará? Piensas que es muy probable que no y te dices a ti misma: “Fue hace muchos años y estoy cambiada. Yo la reconozco porque tengo mucha memoria”. La vuelves a mirar de reojo. En menos de 5 segundos os cruzaréis y, a no ser que alguna de las dos cambie el rumbo, se cruzarán también vuestras miradas.

Ahora, solo quiero que penséis...
  • ¿Qué haríais si estas mismas situaciones (o similares) las vivierais con 5, 6, 7 u 8 años?
  • Os invito a que si hay peques alrededor… les preguntéis qué harían en los casos anteriores (eso sí, hacerlo de una forma que les sea familiar)
  • Y por último, que alguien diga que opina al respecto. ¿Conviene “desmadurar”?
Iria

sábado, 22 de febrero de 2014

Algo harías decía mi madre...


Soy borde o quizás no tengo paciencia, o quizás demasiada. Pero no lo soporto. Me ponen nerviosa los niños que corretean por los bares como animales salvajes y cuyos padres no hacen nada. Disculpe, he venido a tomarme una caña relajadamente, gracias. Llévese a su hijo al Burguer King que, aunque engorde, puede quemar las calorías en sus maravillosos parques infantiles. Y no, no me mire así. Es su hijo, si quisiese uno lo tendría, y créame que lo vigilaría. ¿Para qué se han creado los parques?... no lo soporto.

Y no se engañen, me encantan los niños, los de los demás, dos minutos, dos besitos y hasta otro día.

No soporto a las madres coraje, pero no me refiero a las de verdad, sino a las de pacotilla que se vuelven locas cuando les dices las cuatro cosas, verdades como puños, de sus niños adorados que son pequeños lobos con piel de cordero. Llamadme exagerada pero seguro que habéis pensado en más de una de esas madres.

Sí, esas son. Las de “eso mi hijo no lo ha hecho”, “mi hijo no miente eh”, mi hijo blablabla. Su hijo miente señora, como todos. Porque es un niño pequeño, espabile.

Que yo entiendo, el niño es suyo y duele. Pero somos todos mayorcitos, hemos sido niños y sabemos cómo va el juego. No seamos tan idiotas de caer en sus trampas, que son pequeños pero, afortunadamente, no son tontos. Y les encanta el chantaje emocional, no lo olviden.

Y si hay algo que me pone nerviosa de todas las actuaciones de la madre coraje de pacotilla es la parte de “voy a menospreciar al profesor para idolatrar a mi hijo”. Deberían, como padres responsables de la educación de sus retoños, RESPETAR la figura de la persona que pasa, quizás, más horas con su pequeño que usted. De esa que además de enseñarle las herramientas para que algún día sea alguien le enseña a convivir. ¿De verdad creen que ganan algo tirando por tierra el trabajo de los profesores? Y sí, hay de todo, hay algunos que cogen manías (en el fondo somos personas y… ¿quién no ve realmente el que es un tocapelotillas y el que no?), que explican fatal, etc. Pero oiga…si su hijo suspende 5…casualidades de la vida que todo sea por los profesores, ¿no? Pero no, se empeñan en creer y hacer creer que todo es culpa de ellos, desprendiendo a sus hijos de toda culpa, impidiendo que maduren, que asuman sus responsabilidades…así va el mundo…

Y con todo, y en estos tiempos, yo sigo siendo partidaria de “una hostia a tiempo”.

 Y sí, escandalizaos si queréis pero esto ya no es normal. Que un niño de 3 años mande más que sus padres…uff…hostia y verás que rápido hace lo dicho. Tranquilos, no llaméis a la policía, soy partidaria de la educación basándose en principios y de que a base de hostias no se aprende  pero eso no quita que haya situaciones “extremas” en las que el niño necesite una llamada de atención que lo trastoque y donde diga…uy….esto no se puede hacer más. Y a veces, esa manera es la hostia a tiempo. Que  vamos a ver, no seamos hipócritas, que parece que en este país es lo que más se lleva últimamente (y así nos va…),  me atrevo a decir que prácticamente todos hemos recibido alguna vez esa famosa hostia y…nos acordamos bien, ¿a qué si? Nos acordamos porque vino tan inesperada que no entendimos, que nos dejó boquiabiertos. Y nunca más se nos olvidó el motivo de esa reacción. Yo aún me acuerdo y aquí estoy. Y me decían, ahí no se toca, y ahí no se tocaba. Pero ahora parece que juegan al gato y al ratón…y acabarán con vosotros, padres modélicos “mi hijo es el mejor”.



Ya lo dicen en las noticias, los casos de maltrato por parte de hijos a padres están  aumentando increíblemente…o sea que ni tenemos que volver a la regla en la mano ni el cinturón, no, no pero no podemos olvidarnos de la disciplina y la educación y si hay que dar un cachetín, se da. Y punto.

lunes, 10 de febrero de 2014

¿Por qué te gusta bailar?

De nuevo la inspiración me lleva al baile, lo cual no es muy difícil teniendo en cuenta que la mayor parte de mi vida gira en torno a este mundillo. Y me llega mientras veo como van bailando las diferentes parejas sobre la pista, desde los 6 o 7 años hasta los "top senior" (que es la categoría más alta de edad) con más de 65. En cada una de las miradas veo lo muchísimo que están disfrutando y por eso escribo esto.

Quien me conoce sabe que soy incansable cuando me pongo a predicar todas las ventajas del baile, pero es que en los años que llevo bailando y viendo a los demás bailar, no paro de observar más y más cosas positivas. No sólo es buenísimo para nuestra salud física, sino también para nuestra salud mental. En mi caso, y tras muchas autoexploraciones psicológicas (aficcionadas claro, pues no soy psicóloga) he comprobado como el baile es parte del oxígeno que necesito en mi vida. En cuanto paso unos días sin bailar los síntomas son siempre los mismos: cansancio, apatía, susceptibilidad... No sabía cual era la causa de sentirme así pero casi siempre los síntomas tenían fácil cura: ¡Unos bailes y como nueva!

El caso es que (no me quiero centrar en mí) las sensaciones que se producen con el baile son indescriptibles y por ello, teniendo en cuenta que estaba rodeada de bailarines y bailarinas, me propuse hacer un sondeo, sin acotar edades, ni niveles, ni "na de na"; la pregunta era fácil (o no): ¿Por qué te gusta bailar?

Ahí van las respuestas y las edades de l@s responsables de las mismas, para que os hagáis una idea...

Porque el cuerpo te lo pide-21
Porque me llena de satisfacción-19
Porque es un arte para disfrutar- 11
Porque me hace sentir.Es sentimiento- 15
Porque lo disfruto- 15
Porque es muy "desestresante"- 12
Porque es muy divertido-12
Porque me siento muchísimo mejor físicamente y psíquicamente y por compartirlo con la que es mi pareja fuera del baile-58
Porque lo que siento con el baile, no lo siento con ninguna otra cosa-29
Porque me hace sentir única-15
Porque hago algo en común con mi pareja y es una unión indescriptible- 53
Porque lo amo y lo siento dentro de mí-16
Porque bailar es soñar con los pies-21 (recordando al gran Sabina)
Porque bailar es mi guinda de un día perfecto y mi sol de un día oscuro- 22
A un bailarín vas a comprender cuando entiendas que para él el baile no sólo es un deporte sino una forma de ser- 26



Y por último me quedo con la que más me conquistó de todas, me enamoró tanto que no le pregunté la edad pero más o menos en torno a los 40 (espero no haberme pasado). Cuando le pregunté se le puso una sonrisa de oreja a oreja y casi sin pensarlo me contestó: ¡Porque es mi vida! Pero la cosa continuó y me dijo:  "Además...¿sabes qué? El mejor recuerdo de mi infancia es bailando. Recuerdo que cuando era una niña, estábamos toda mi familia en casa trabajando, cada uno a sus cosas, y de pronto sonaba música en la radio y dejábamos lo que estuviéramos haciendo y nos poníamos todos a bailar, desde el más pequeño hasta el más mayor".Dos horas después se acercó de nuevo a mí..."Además ¿sabes que Iria? Cuando bailo me siento libre, me siento la mejor de la pista" Ante esto no tengo nada más que decir...


¿No os entran ganas de probarlo?



Iria