domingo, 18 de enero de 2015

Tú eres guapa, tú eres buena, tú eres importante

Ellas son así. Independientes, inteligentes, increíbles. Pero no lo saben. No lo oyen. No lo creen.
Han derramado lágrimas cuando deberían haber sonreído, deberían haberse alegrado de que la propia vida se hubiese cargado al capullo de turno.  O a la capulla de turno. Las hay de todos los gustos.
No han podido reírse de ellas mismas porque ya se encargaban otras personas.
Han creído en el amor.
Algunas aún creen en él. Lo defienden como si la vida les fuese en ello. Creen que así es. Viven pensando que una casa para dos es su futuro y que un sólo cepillo de dientes en el baño no es sinónimo de felicidad. Pueden ser felices pero se niegan a aceptar que solas puedan conseguirlo.  A veces lo intentan, se levantan diciéndose que no hay nada malo en estar “sola” pero tarde o temprano caen, y cada caída es peor que la anterior.
Otras ya no creen en el amor. Pasan el rato, revuelven sus sábanas, comparten sus camas pero se niegan a compartir algo más. Tienen miedo. Porque saben lo que pueden perder…y nadie les ha enseñado de verdad lo que pueden ganar.
Todas son maravillosas. Cada una a su manera. Con sus múltiples defectos y sus millones de virtudes. Todas buscan lo mismo, la felicidad. Todas han caído. Todas se han levantado, o están en ello. Pero todas tienen cicatrices. Huellas. Algunas queman. Otras ya ni se notan.
Ellos serán así. Independientes, inteligentes, increíbles. Pero no lo sabrán. No lo oirán. No lo creerán.
Han pasado su vida con las chicas equivocadas. Y  todavía no se han conocido.
Algunos se cruzarán…y pasarán de largo. Otros pararán, retrocederán si es necesario, y ahí estarán, compartiendo desayuno cada uno de los días que tengan junto a ella. Muchos otros coincidirán, la mirarán, tendrán miedo y saldrán corriendo. Quién sabe.
 Yo sólo las conozco a ellas. Y las admiro. Por todos y cada uno de los momentos que me han regalado. Son guapas, son buenas, son importantes. Sé que lo son. Sólo tienen que saberlo. Con alguien o sin alguien, eso es lo de menos. Porque cuando lo sepan, lo conseguirán. Serán felices así, con ellos o sin ellos. Con ellas o sin ellas.
Porque igual si lo repetimos más a menudo, nos lo creemos.
“Tú eres guapa, tú eres buena, tú eres importante”.


Jesica

lunes, 29 de diciembre de 2014

Mis 10 lecciones del 2014

Son las 12.30. Llego a casa del gimnasio a la hora prevista. Hace un sol increíble y un frío polar. De acuerdo a mi manera cronometrada de aprovechar los días, me dispongo a pasar a la siguiente tarea que he fijado en la agenda mental. “12.15: llegas del gimnasio, te preparas un café y te pones a estudiar sin pausa hasta las 14,  porque todavía no has estudiado decentemente en todas las navidades”. Pongo la cafetera y me quedo tonta mirando por la ventana pensando en qué me deparará el nuevo año. Hay que ver lo que me gusta perder el tiempo “barrenando” como suelo decir.

Le di un par de sorbos al café e hice un cambio en mis planes. “Empezaré a estudiar esta tarde porque me apetece escribir sobre el 2014. Además, va siendo hora de que publique en el Blog  y deje de llenar carpetas en el escritorio con posibles que nunca llegan a nada”

Me lo he dicho a mí misma con tanta autoridad que no podía dejar abandonada una vez más la publicación. Me costó arrancar porque sentía esto del balance de año como algo personal. No veía nada interesante para los demás en mis vivencias. Luego pensé en que podía tener interés lo que he sacado en limpio: El aprendizaje. De ahí han salido mis 10 lecciones.

1. Si no puedes dedicar todo el tiempo que quieres a algo… ¡no te machaques!. Si te machacas lo único que logras es que el poco tiempo invertido no sirva de nada. En el baile aprendí a gestionar la falta de entrenamiento. Fue uno de los años en los que menos tiempo dedicamos a entrenar, y a la vez, uno de los que más rendimos, más disfrutamos de las competiciones, de los campeonatos de España... “Mejor entrenar poco y bien, que entrenar sin ganas” Lección aprendida: Aprovecha al 100% cada momento en lugar de lamentarte por no poder disponer de más tiempo. Lo que hagas hazlo con ganas. Con muchas ganas.

2. No digas de este agua no beberé. Esto ya lo tenía aprendido, pero el 2014 se empeñó en recordármelo continuamente. Típica frase: “Ya lo sééééé…No se puede escupir al aire… pero sé fijo que equis-cosa no va a pasar” Lección aprendida: Pasará! Seguro!

3. Como nos decían de niñ@s: Si no sabes… ¡aprendes! Con la vuelta a la universidad fui pasando por etapas desde el “yo de eso no tengo ni idea” hasta el “Venga va. Paciencia y vamos a intentarlo. No vas a estar siempre pidiendo ayuda”. Esto lo apliqué a mil tareas que no hacía por la simple vagancia de no haberlo hecho nunca: revisar mi coche antes de dejar que vaya la llanta rodando o  que el piloto del aceite sea un árbol de navidad, coser en caso de urgencia, lavar a mano lo que sea necesario antes de llevárselo a mi madre… (no es que sean acciones de vida o muerte pero precisamente por eso hay que hacerlas). Lección aprendida: prohibido llamar a nadie pidiendo socorro antes de intentar hacerlo yo.

4. Ni soy un deshecho social por salir tres días consecutivos de fiesta ni me convertiré en un mueble por estar tres días en el sofá. Aprendí a salir sin pensar en el día siguiente y sin mirar el reloj (No está mal a los 25 años). También practiqué eso de estar sin hacer ¡NADA! Lección aprendida: No dramatices y deja la agenda mental cerrada de vez en cuando.

5. Aprendí a organizarme para dedicar más tiempo a mi familia y a mis amig@s. Tras dejar las competiciones a un lado, empecé a disfrutar de verdad estando con mi gente. Y como ya escribí antes ¡Sin mirar el reloj! Lección aprendida: Esa clase de amor, que a veces descuidamos un poco, es fundamental.

6. Aunque nada falle, fallará todo si un@ no se preocupa de vivir bien su vida. Teniendo todo lo necesario para ser muy feliz se puede ser infeliz, por contradictorio que suene. Cada día recuerdo una canción de Sés: “Quero bailar ao ritmo do que vive ilusionado e cabo do silenciado cantar quero con paixón” Lección aprendida: Hay que ser egoístas y honestos cuando pensemos en cómo vivir nuestra vida.

7. Hay personas buenas porque sí.  Me encontré con gente que me trató como si me conociese de toda la vida y de la que me llevo mil vivencias. Lección aprendida: A veces no son imprescindibles los años de antigüedad para vivir grandes momentos.

8. Me encontré con la salsa. Mejor dicho aprendí que es algo más que el 123 al ritmo de una música “pachanguera”. Lección aprendida: Hay una cultura y una música increíble detrás, digna de ser compartida y respetada.

9. Aprendí a hacer sonetos gracias a mi cargador de pilas personal (Aunque odie que no me guste Manolo García). Además de los sonetos, me ha enganchado a Ismael Serrano, a Leiva y a Izal. De años anteriores no hablo porque “si eres lo que escuchas” voy a convertirme en él. Lección aprendida: A veces somos capaces de hacer cosas que nunca nos habíamos planteado. Sonetos? Yo? Estás loco!! (aquí tuve que recurrir al aprendizaje número 2).

10. No sirve de nada hacer planes porque el día menos pensado pasa algo que cambia por completo tu rutina, tus pensamientos, tu todo. Esto lo aprendí ya hace unos años también, pero el 2014 me lo recuerda. Lección aprendida: Lo importante es ir viviendo cada día y dejar que las cosas pasen. Cuando menos te lo esperas…

Me quedo en medio del proceso de aprendizaje de algunas cosas como preocuparme un poco más por los demás e intentar ser menos despistada. En el lado más negativo tengo “aprendizajes imposibles” por si alguien quiere ayudarme. Quiero aprender a ser menos torpe y más cuidadosa: reducir a tres los golpes que me doy en un día (mi cabeza, pies, codos lo agradecerán); conseguir calentar la leche sin que hierva y monte un desastre en el microondas; reducir también a tres las veces que tengo que volver a subir a por algo cuando salgo de casa; dejar que el coche se pare completamente antes de apagarlo; aprenderme los nombres de l@s bailarin@s que llevan años conmigo (antes de que hagan huelga y dejen las clases) De estos tengo un largo etc.

Me he extendido demasiado pero quien me conoce ya sabe que es difícil hacerme callar.
¡Espero que tod@s tengáis un buen año 2015! No os deseo que sea el más feliz de vuestras vidas porque eso lo deseo para todos los años que viváis. Lo que quiero es que os aseguréis de vivirlo ¡cómo os de la gana!
Iria

martes, 28 de octubre de 2014

Voy a ser la peor novia del mundo (Creo)

Tras encontrarme en la web con lo necesario para ser la mejor novia del mundo, me siento en la necesidad de advertir a los hombres que, antes de compartir su vida conmigo, sepan que soy la peor novia del mundo.

Véase la mejor novia del mundo: http://www.upsocl.com/mujer/voy-a-ser-la-mejor-novia-que-hayas-tenido-jamas/

Voy a ser la peor novia del mundo (creo)

Me voy a reír de todas tus bromas, incluso si significa que seré la única riéndome contigo. No me voy a reír de todas tus bromas pero me reiré continuamente: tras la broma, cuando me haga gracia; contigo (de ti), por el atrevimiento humorístico. 

Voy a sonreír cada vez que nuestras miradas se encuentren, porque lo siento así. No voy a sonreír cada vez que nuestras miradas se encuentren. Tendré días malos pero sabrás que en algún lugar hay una sonrisa que necesita ser rescatada. 

Voy a pasar mis domingos contigo, viéndote saltar de emoción cuando tu equipo favorito marque un gol, siempre que tú me acompañes de compras alguna vez. Me encantará pasar domingos contigo… Domingos, lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábados. Cuando me enamore de ti, cada hora me sabrá a poco para vernos. También me saben a poco las horas con mis amig@s, familia, aficciones, etc. Mientras tú te diviertes con lo tuyo, ya sea fútbol, baile o petanca; yo me divertiré con lo mío, ya sea ir de compras, baloncesto o ajedrez.

En cuanto a lo de la cena y limpiar ¡¡me pido lo primero!! Adoro cocinar, así que siempre que esté en casa me apropiaré de los fogones. Prometo no manchar mucho y siempre que cocine yo, prometo que después limpiarás tú, and viceversa (costumbres heredadas de la época estudiantil).

Voy a ver todas las películas de acción y superhéroes contigo, pero sólo si estás dispuesto a ver una comedia romántica conmigo. Vamos a ver las películas que nos gusten. PUNTO. En esta parte me he reído a carcajadas. Voy a repetírmelo -Soy mujer y sólo me gustan los puentes de Madison, Batman NO… Batman NO… Batman NO… (Entiéndase mi ironía). Ahora en serio, me encantan los puentes de Madison (A mi hermano también, pero es un secreto).

También voy a tomar cerveza (o vino) contigo mientras me hablas de cómo te fue en el trabajo. Yo añadiría: y una copa de ginebra si eso te hace feliz, aunque me va a costar porque como soy mujer detesto el alcohol y solo tomo una copita de champán en fin de año. Si nada cambia, puede que llegue más tarde que tú del trabajo y lo que me apetezca sea un cola cao mientras nos contamos como ha ido el día. Eso sí, nada mejor que desconectar juntos el fin de semana, por ti haré un esfuerzo: Nos iremos de cañas, de tapeo, tomaremos unas copas en el sofá con la mejor música de fondo… (Sólo lo haré por ti, claaaaaarooo).

Querría seguir confesándote que seré la peor novia, pero ¡ya ves! me dio por trabajar en lugar de quedarme a esperarte, así que me toca empezar la jornada.

¡Qué tengas un buen día! Cariño…

martes, 12 de agosto de 2014

Dous vellos que tamén tiveron mocedade


Atopei na casa un conto de Castelao que me namorara o corazón e animoume a escribir sobre os meus dous velliños particulares. Antes de comezar coa historia deixo aquí o conto para que o leades, que non ten desperdicio.


Dous vellos que tamén tiveron mocedade, que se coñeceron nun baile, que logo se casaron por amor e que viviron amándose tolamente. Dous vellos, sempre xuntos e sempre calados, que viven escoitando o rechouchío dun xilgaro engaiolado. Sen fillos e sen amistades. Soios. Antonte leváronlle o viático ó vello e onte morreu. A compañeira dos seus días visteuno, afeitouno e púxolle as mans en cruz. Hoxe entraron catro homes e sacaron a caixa longa onde vai o morto. A vella saíu á porta da casa e, coa voz amorosa dos días de mocedade, despideuse do seu compañeiro:— ¡Deica logo, Eleuteiro! E os veciños que acudiran ó espeutáculo taparónse as bocas e riron cos ventres. A despedida da vella foi rolando e chegou ó casino, e o “deica logo Eleuterio” xa se convirteu en motivo de risa. Todos, todos, se riron e ninguén se decata con que delor a vella namorada chamará pola morte nesta noite de inverno.

     Pode que dentro duns anos sexan o vello e a vella do conto de Castelao.

     Coñecéronse nun baile, casáronse… Non se coñecían ata que se coñeceron. Non se buscaran no facebook. Non sabían nada un do outro. Así é como empezaban antes as relacións, do xeito máis natural, con ese factor sorpresa que ía desaparecendo nas conversas coas amigas e amigos dunha e doutro, coas pesquisas entre @s veciñ@s, cos primeiros bailes… Non había un perfil social na Internet informando dos gustos musicais, da idade, das posibles moz@s ou exmoz@s. Eses perfís que volven tol@ a calquera e sirven de perfecto pano para cubrir os ollos sen deixarnos ver a persoa que temos diante.

     Por iso, ás veces gustaríame ser a protagonista dalgunha historia como a deles, fermosa e eterna, que fai que trinta anos despois sigan facendo guerras de cóxegas no sofá (para min as guerras de cóxegas no sofá son unha mostra palpable de que hai amor). A historia é especial porque eles foron especiais. Non foi máis especial que a túa nin que a miña, pero foi tan única que inspirou esta canción.

     Foi no verán do 77. Ela non era fermosa. Era máis ca iso. Menudiña, baixiña e cunhas curvas espectaculares, unha melena morena, un sorriso fermoso e inocente que case sempre levaba na cara. A beleza medraba co seu ollar, un ollar coa timidez e frescura dunha moza de 16 anos e a madurez e responsabilidade de ter chegado a muller cando aínda era tempo de ser nena. Encargábase de todo, traballaba, cuidaba do seu pai, amañaba a casa. Muller todoterreo.

     El era todo o contrario. Un “DonJuan” que poderiamos dicir. Vivía de festa en festa e gozaba da comodidade e mimos dunha nai que llo daba todo feito. Non era ghuapo, ghuapo, pero era rockeiro e tocaba a batería nun grupo. Con isto era suficiente para que lle fora ben coas mulleres. Sempre tiña alguna moza -ou algunhas -que lle daban quebradeiros de cabeza cando se lle xuntaban na mesma sala sen respetar as citas que el tanto premeditaba. Xa vedes. Un caralletas que se di.

     A primeira vez que se viron foi nunha festa. Ela cunhas amigas e él cun amigo, como era habitual. Eles achegáronse ao grupo porque coñecían a unha delas. Mentres que o seu amigo falaba, él non podía facer outra cousa que mirar de reollo á rapaza baixiña que tiña un lunar -pintado pensaba él- xunto á boca.

     Despois deste encontro xa nunca máis se esqueceron un do outro. Ao día seguinte el preguntoulle á amiga que tiñan en común pola rapaza do lunar. – Pero si é a túa veciña! Ademáis… ela tamén me preguntou por ti. A partir de ahí viñeron as primeiras citas e os paseos ao cine. Os case 11 anos de diferenza de idade tampouco eran un problema. Un día indo no coche ela lle dixo –Eu teño 16 anos… Ti cantos tes? –Eu? Botou unha risa e continuou. Teño 27 pero si ves que che parecen moitos dou volta. Os dous riron e non deron volta, comezaron a volta máis grande das súas vidas. Uns meses mozeando e casaron. Viñeron fill@s, problemas, alegrías e todas esas cousas que vai deixando a vida. O importante é que cada día espertan coa felicidade e tranquilidade que lles deparou a vida que comparten. Pódese pedir máis?

Iria

viernes, 18 de julio de 2014

He engañado a Golden con Royal Gala


- ¡Chica! ¡Es increíble! Después de más de veinte años juntos, va la tía y le dice a mi hermano que se enamoró de otro hombre. Que a él lo sigue queriendo pero que se va con el otro.
-¡Pero bueno! ¡La mato si me dice eso!¡Qué zorrita! Desde luego, con lo simpática que parecía, siempre tan atenta con tu madre y con los críos… Al final las que aparentan ser más buenas son las peores.
-¡Pues ya ves! El que más pena me da es Luis. El pobre tiene que estar destrozado. Me contaron que hace un mes la vieron tomando un café con su nuevo ligue. Creo que es más joven que ella, a lo mejor se piensa que se rejuvenece por estar con él… ¡Es una vergüenza!

    ¡Una vergüenza! Nada más y nada menos. Yo sí que me avergüenzo cuando hay conversaciones como ésta y mi vergüenza aumenta cuando intentan hacerme partícipe de las mismas. Aunque claro, supongo que a quién esté leyendo al otro lado le costará imaginarse la situación. No es muy habitual escuchar estas cosas (Nota: Estoy siendo irónica, of course).
Ya no voy a meterme con el machismo que se desprende de los diálogos, que de por sí ya constituye un buen tema para tratar en el blog. Quiero hablar de las infidelidades. Infidelidad. Ese tema  tan recurrido en las conversaciones triviales, en las trascendentales, en las íntimas, en las de borrachera, en las de cotilleo...etc, etc, etc.
¿Cuántas veces os han preguntado-o habéis preguntado- si perdonaríais una infidelidad? ¿Una vez? ¿Veinte? ¿Cincuenta? Y aquí es donde nos llenamos la boca: - ¡Jo, jo, jo!¡Qué le den! Yo no podría perdonarle jamás.  Si estuviera realmente enamorad@ no me habría engañado. Y digo yo: ¿Enamorad@? ¿Eso qué es? ¿Qué es el amor? Si no es para siempre, ¿No es amor?

     Todo es muy simple comparando a las personas con manzanas (Nota: Todo lo hago por hablar de las manzanas. Me encantan las manzanas). Antes de dejar volar por completo mi imaginación os prometo que soy una persona bastante cuerda. Sé que much@s pensaréis que “se me fue un poco la olla” (Nota: Probablemente tengáis razón).

    Voy a contarlo en primera persona, así le aporto ese "toque de Blog" a la historia. Unas líneas más arriba ya dije que me encantan las manzanas. Desde que probé unas Golden que le sirvieron al frutero de mi barrio, me enganché a esa clases: verdes, con el tamaño perfecto. Cada semana iba a la tienda y compraba mi provisión de manzanas. Todo iba bien, unas semanas estaban más caras, otras me las encontraba de oferta, pero siempre igual de ricas. De repente, un día me supieron diferente. Ya les había visto una pinta distinta cuando Carlos (os presento a mi frutero) me las echó en la bolsa. Estaban más amarillas, como si hubiesen llegado más maduras. –Puede que sea eso, pensé. Demasiado maduras.  

    A la semana siguiente, la misma mala pinta. Le dije a Carlos que intentara escoger las que estuvieran más verdes. Así lo hizo, pero yo seguía sin encontrar el mismo sabor, textura… -Será la época, pensé. No me di por vencida, después de todo, valían para comer y es normal que no siempre estén igual de perfectas. A la semana siguiente esperaba encontrarme ya con mis ricas manzanas, que hubiese llegado un nuevo pedido y que tuvieran esa pinta tan apetitosa. Pero no. Tercera semana con mis ilusiones fallidas. -¿Qué pasó con las manzanas Golden? Le pregunté a Carlos. - ¿Con las Golden? No sé, ¿Por qué? ¿No estaban bien la semana pasada?- No, ya se les ve que están más amarillas y tienen menos agua.- Pues no puedo decirte por qué. Las sigo vendiendo igual o incluso más. Volví a mirar a las manzanas pensando en si darles otra oportunidad y Carlos apuró mi decisión. -¿Por qué no pruebas estas otras? Si te gustan poco maduras y con agua, éstas te encantarán. – La verdad es que tienen buena pinta. -Está bien, dame media docena.
Cuando llegué a casa descubrí que el frutero tenía razón. Estaban tan buenas como las Golden del principio. Ummmm ¡Cómo me gusta comer una buena manzana! A la semana siguiente ya pedí directamente Royal Gala. - ¿Seguro que no quieres llevar alguna de Golden? La semana pasada me llegaron cajas nuevas a las dos horas de que te marcharas. (¡Vaya!¡ Justo cuando decides cambiar vuelven tus manzanas!) Vuelven a estar como a ti te gustan ¡Mira qué pinta!   -No, da igual. Dame de las rojas que estaban muy buenas. Prefiero no arriesgarme.
Mientras tanto, intervino una de las clientas de la frutería: -Siempre comprando Golden y de la noche a la mañana te pones a comprar otra clase… ¡Con la pinta que tienen las Golden!

    Es cierto que las Golden tenían buena pinta, pero después de haber probado las otras, me apetecía cambiar una semana más. A partir de ese día podían pasar varias cosas: Que nunca más comprara manzanas Golden; que las Royal Gala subieran de precio y decidiera volver a decantarme por las Golden; Que me aburriera de las Royal Gala, de las Golden y  me animara a probar las Granny Smith que brillaban en una de las cajas superiores.

    Puede que os resulte absurda (y de loca) esta comparación con las infidelidades de pareja. Sin embargo, creo pueden extrapolarse perfectamente muchos de los pensamientos y comportamientos con las manzanas a las relaciones, al menos en mi manera de verlo. Vuelvo a lanzar preguntas, ¿Qué ocurriría si las manzanas Golden no hubiesen empezado a ser diferentes? Yo, probablemente no habría cambiado de clase. En el amor ocurre lo mismo. Es muy difícil que las manzanas que te han gustado desde siempre te sigan agradando igual. Hay muchos factores que entran en juego: el estado de maduración, tu propio gusto, la facilidad que tengas para ir a la frutería, etc. Puede que no estuviese tan adicta a las Golden y decidiera cambiar sin más (aunque las manzanas supieran igual). Puede que hubieran cambiado de sabor y aún así seguirme gustando. Esto último debe de ser lo que les pasa a las parejas que viven felices y “enamoradas” toda la vida. Serán pocas pero como as meigas “habelas hailas”.

    Antes de que se os pase por la cabeza eso de que “estos cambios que se hacen hoy en día son cosas de la nueva era” os digo: ¡Por favor! ¡Seamos inteligentes! Puede que sean cosas de la nueva era pero, en vez de lamentarnos, demos gracias de que así sea. Antiguamente las cosas eran diferentes, se encontraba una clase de manzana y no se podía andar cambiando, al menos así se enseñaba. En consecuencia, miles de parejas viven infelices en una vida que no les llena. Y digo yo: ¡Qué pena! ¡Con lo que presta tener en la nevera tus manzanas favoritas para disfrutar de ellas cuando te apetezca!

    No me gusta cuando se habla a la ligera de “poner los cuernos”. La visión alarmista de la infidelidad forma parte del pasado y no podemos condenarla sin más. A lo mejor hay que empezar a compadecerse de la persona que es infiel ¿Por qué es infiel?.

    Yo digo si/no a las infidelidades y a los celos. Debes estar con quién realmente quieras estar y no desconfiar de tu pareja. Si sois felices no habrá problemas y si hay problemas no los vas a solucionar desconfiando. Con los años he roto con esa visión del amor eterno. El “sin ti no soy nada” es mentira. Personalmente disfrutaré  del amor mientras lo haya, dure lo que dure (horas, días, meses o años). Si se va… déjalo ir, ya volverá. 

    Ahí lo dejo. Me voy a comer una pera. No quiero saber nada de manzanas durante un tiempo…

Iria

miércoles, 2 de julio de 2014

Un encuentro en Sorrento...

        Hay días que te gritan que bajes libros de la estantería y recuperes historias...



(...)
-Dios mío… Max.
    La luz de la mañana dora los iris de Mecha Inzunza, como en otro tiempo. Hay leves marcas y manchitas de vejez en su piel, e infinidad de minúsculas arrugas en torno a los párpados y la boca, acentuadas ahora por una sonrisa estupefacta. Pero lo despiadado del paso del tiempo no ha logrado borrar lo demás: la forma pausada de moverse, la elegancia de maneras, las líneas prolongadas del cuello y los brazos cuya delgadez acentúa la edad, enflanqueciéndolos.
-Tantos años- dice ella-.Dios mío.
    Están cogidos de la mano, mirándose. Max alza la derecha de ella, inclina la cabeza y la roza con los labios.
-Veintinueve, exactamente-precisa-. Desde el otoño de mil novecientos treinta y siete.
- Niza…
- Sí. Niza.
(…)



El tango de la guardia Vieja de Arturo Pérez-Reverte

Iria

domingo, 4 de mayo de 2014

He caído en las redes del día de la madre...

    Pasé este 4 de mayo con la tranquilidad de mi toalla sobre la arena, orientada al sol y cerca del mar. Nunca he celebrado especialmente estos días de la madre, del padre, de san Valentín… Quizá es mejor que diga CASI nunca porque todas tenemos un pasado de cuadros de macarrones, ceniceros de barro y mensajes en cartulinas para demostrar que éramos las mejores hijas y novias del mundo.
    Digamos que yo soy de las que van por ahí diciendo la famosa frase (y no sólo lo digo, lo pienso de veras) de que el día de la madre son todos los días. Creo que no hay nada que agradecer por ser madre en sí, sino por la forma en la que es cada madre. Dicho de otra forma: lo importante no es el día de la madre sino el día de esa gran persona que, además, es mi madre. 
    Ahora, después de protestar, voy a hacer todo lo contrario a lo que digo que para eso la que escribe soy yo. No he podido evitar contagiarme del amor que se respira hoy en las redes sociales, en la calle, en la ropa de domingo y en los restaurantes por los que he pasado de camino a la playa. A medida que avanzaba el día, aumentaba mi sentimentalismo por mi querida mami. Así que me dije que de noche la llamaría diciéndole que ya sabe como soy y que no me gustan estos días… pero que la quiero mucho igual (y como antes… no sólo lo digo, lo siento de veras).
    Mientras pensaba en todas estas cosas pasó algo que distrajo mi atención. Justo detrás de mi toalla había una madre, de unos 70 años, con su hijo. El verano pasado coincidía con ellos todos los días, cada día ella bajaba con varias bolsas, la nevera, la sombrilla… y él, que rondará los 40, viene detrás con una gran sonrisa y la toalla en la mano, que coloca en la arena mientras la madre lo prepara todo. Él no habla pero hace todo lo que le dice su madre y lo que, para algunas personas serían dificultades, en ellos  son miradas de amor puro. Pues bien, estaban tomando el sol tranquilamente cuando llegó una amiga de la madre y tras saludarlos exclamó: - ¡Pepito!(le hablaba al hijo) ¿felicitaste a tu madre? ¡Tienes que felicitarla que hoy es el día de la madre! Pepito no habla pero, tras la exclamación de la señora, la madre se rió y dijo: -oh… ¿si? ¿Hoy es el día de la madre? ¡Pepito dame un beso! Acto seguido se acercó a Pepito, lo besó y ambos sonrieron. Pepito y su madre no suelen celebrar el día de la madre, pero que la señora se lo recordara sirvió para que se besaran. Me quedo con eso. No hacen falta comidas o regalos pero es imprescindible que lo que hagamos, lo hagamos de corazón.
    En fin, la historia de Pepito, los mensajitos de los amig@s del facebook y un pequeño pensamiento (de éstos que no se deben de tener) que me decía: “si los demás ensalzan públicamente el amor a su madre, ¡tú también!”. Así que yo le dedico todos estos pensamientos a mi mamá porque, además de ser mi madre, es una gran persona.
Feliz domingo!!

            La playa no es para ordenadores y por eso os dejo la prueba de mis reflexiones originales…

Iria